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14 August 2016 @ 11:16 am
"Little Talks" #4 - Presrop  
Título: Presrop
Colección: Little Talks
Fandom: Mass Effect
PoV: Liara T'Soni (con Kaidan Alenko)
Misión: El mayor Kyle
Contexto: Entre Feros y Noveria, habiendo cumplido ya todas las misiones secundarias de la invasión geth y demás asuntos personales de la tripulación. Con los romances de Kaidan y Liara bloqueados.
Palabras: 5.180




Little Talks: Presrop


Liara se rindió definitivamente con un suspiro y se acodó en la mesa, masajeándose las sienes. Era la quinta vez que leía el mismo párrafo del artículo que estaba redactando y seguía sin entender ni una palabra de lo que ella misma había escrito. Forzarse era absurdo. Estaba claro que no iba a conseguir trabajar. Esta vez, ni siquiera los discos de datos proteanos o los antiguos textos de Dilinaga, esas pequeñas joyas que habían ido rescatando en las prospecciones y que Shepard le había permitido estudiar en su tiempo libre, constituían suficiente distracción.

Shepard. Liara cerró los ojos y apretó los labios. Había sido un día extraño, lleno de emociones intensas. La transmisión del almirante Hackett, el informe sobre esa comuna de bióticos que se había transformado en una secta, los soldados de la Alianza que habían muerto intentando desarticularla… Shepard la había convocado de urgencia a una reunión en su camarote y allí se había encontrado también con el teniente Alenko y con Wrex.

—No estoy segura de lo que nos vamos a encontrar —había concluido la comandante, tras exponerles la situación—, pero hay que estar preparados para todo. No tengo la menor intención de que esto acabe en otro desastre como el de la MSV Ontario.

Kaidan torció la boca en una mueca y Wrex resopló. Liara permaneció muy tiesa en su silla; ella no había participado en el abordaje de la Ontario, pero ya estaba en la Normandía cuando tuvieron que hacer frente a aquel secuestro perpetrado por radicales bióticos. Y sabía bien lo que había sucedido.

—No fue un desastre —replicó Wrex—. Conseguimos salvar a aquel tipo que no hacía más que lloriquear.

—Imagino que la comandante se refiere a todos esos otros bióticos que tuvimos que acribillar para llegar hasta el "llorica" —repuso Kaidan, cruzándose de brazos—. Y al hecho de que casi nos matan mil veces por el camino.

—A mí no me mires, pimpollo; si no recuerdo mal, erais la soldadito y tú los que ibais con Shepard en aquella ocasión. —Volviéndose hacia la humana, añadió—: Déjamelo a mí esta vez, anda. Te aseguro que los críos de ese tal Kyle no van a tener tiempo de ponernos la mano encima.

—Tú no vas a venir a Presrop, Wrex. —Shepard le dedicó una mirada elocuente—. ¿Sabes la confianza que inspirarías a un grupo de fanáticos desquiciados? Ninguna.

Él alzó los brazos con fastidio.

—¿Entonces qué demonios hago aquí?

—Animar la reunión con tu carisma y belleza. —Ella usó ese tono que empleaba con frecuencia al hablar con Garrus y que Liara ya había aprendido a asociar con la guasa, pero enseguida recuperó la seriedad—. Yo no soy biótica, vosotros tres sois mis expertos en la materia. Os necesito para elaborar una estrategia y un plan de ataque, en caso de que falle la diplomacia. No olvidemos que esa gente ha matado a los últimos soldados que intentaron hacer lo que vamos a hacer nosotros. Estudiemos los posibles escenarios y cubrámonos las espaldas.

Fueron unas horas de efervescencia. Wrex estuvo exponiendo hipotéticas técnicas de ataque y contraataque, el teniente aportó un interesante análisis sobre el perfil psicológico de los seguidores del "padre" Kyle y Liara… bueno, Liara había hablado mucho, muchísimo, muy deprisa. Y, aunque apenas recordaba lo que había dicho, sí sabía que se había sentido útil. Útil de verdad, quizá más que en ningún otro momento hasta ahora, parte integrante del equipo por fin.

—Confío plenamente en vosotros —les había dicho Shepard, justo antes de subir al Mako para tomar tierra—. Recordad: que la violencia sea el último recurso. Esa gente está nerviosa e irritada. Si tenéis la posibilidad de empatizar con ellos para calmarlos, hacedlo. Tal vez no me escuchen a mí, pero escucharán a otro biótico. A alguien que los pueda comprender.

—¡Sí, señora! —habían respondido ellos a coro. Y Liara también se había sentido importante.

¿De qué había servido al final toda esa preparación y la disposición de sus subordinados? De nada. Porque, aunque iban a asaltar una comuna de bióticos, Kyle no lo era. No tenía esos poderes ni esos problemas. Sólo era un viejo soldado con trastornos mentales, afectado por un fuerte síndrome de estrés postraumático.

Y de eso Shepard sabía más que de sobra.

Habían bastado unas simples palabras para que todo terminase. Ni el teniente ni ella habían necesitado abrir la boca o desenfundar las armas. Y, cuando Kyle había accedido a entregarse y se había derrumbado, casi al borde de las lágrimas, Shepard se había acercado a él con cautela y había posado una mano en su hombro.

—No les hagáis daño, por favor —balbuceaba el hombre, con ojos desorbitados—. No les hagáis daño a mis hijos… No más muertes…

—Nadie más va a morir, mayor —contestó Shepard con suavidad—. Sé que tus intenciones eran buenas y has cuidado bien de ellos, pero esta situación no se podía mantener. No era sana. —Y, tras una pausa, añadió—: Aunque no haya forma de devolver la vida al pelotón que perdiste en Torfan, hoy has salvado a toda esta gente. Estoy segura de que tus hombres estarían orgullosos de ti. Has hecho lo correcto, sin derramar más sangre.

Kyle se había echado a llorar. Kaidan se había quedado contemplando la escena con la boca entreabierta, interrumpiéndose en mitad de su comunicación con Joker. Y a Liara se le había cerrado la garganta con un fuerte nudo.

Rato después, estando de vuelta en la Normandía, Shepard se había vuelto hacia ellos nada más salir del Mako y les había sonreído tenuemente, con un:

—Buen trabajo, chicos.

—Comandante —empezó Kaidan, exhalando una especie de risa triste—, nosotros no hemos hecho nada.

—¿No? —Ella los encaró con seriedad—. Claro que sí. Habéis estado allí, conmigo. Gracias a Dios, no tenemos nada que lamentar; pero, si hubiese pasado cualquier cosa, sé que habría tenido a mi lado a los mejores.

Sin embargo, aunque la ocasión lo requería, aunque hubiese sido lo típico, no les puso una mano en el hombro ni les palmeó la espalda con camaradería. No los tocó, a ninguno de los dos. La misión había terminado, punto final. Y, mientras subían en el ascensor, Liara se quedó con la vista clavada en el suelo, recordando la última misión en la que había participado, pocos días atrás. Aquella nave en el Confín de Kepler, persiguiendo a ese horrible salariano al que Garrus seguía la pista desde hacía años. Había sido una situación tensa y desagradable y, al regresar a la Normandía, Shepard le había pedido que se adelantara. Que se fuera. Se había quedado atrás, a solas con Garrus, y lo último que ella había visto antes de meterse en aquel mismo ascensor había sido cómo la comandante posaba una mano en el brazo de su compañero, a modo de consuelo, hablando con él en voz baja. Muy cerca el uno del otro.

Con un bufido, Liara cruzó los brazos sobre la mesa y se inclinó hasta hundir el rostro en ellos. Estaba nerviosa, exasperada. La conciencia de haber cometido un error irreparable no dejaba de acosarla. No se trataba sólo de la forma en que Shepard hablaba a Garrus; eran los chistes que intercambiaba con la jefa de artillería Williams, las anécdotas que compartía con Tali y la confianza ciega que parecía tener en Wrex. Eran esas pequeñas muestras de afecto con las que parecía recompensar a todos menos a ella. El hecho de tocar a todos menos a ella, sonreír a todos menos a ella, confraternizar con todos menos con ella.

Había esperado de corazón que aquella misión en Presrop mejorara las cosas. Que fuera una oportunidad para demostrarle a Shepard que era una profesional, que también era valiosa para el equipo, y no una niña tonta con ideas de colegiala. Pensó que, tal vez, si todo salía bien, podrían enterrar de una vez por todas esa bochornosa conversación que habían tenido al salir de Feros, semanas atrás. La conversación.

Oh, diosa, no quería ni recordarlo siquiera.

No estoy interesada en ti en ese sentido, Liara.

Apretó los párpados con más fuerza y se encogió aún más, deseando fundirse con el metal de la nave y desaparecer. Aquel momento iba a perseguirla hasta en pesadillas. ¿Por qué había sido tan idiota? ¿Por qué había tenido que decirle aquello? ¿Y por qué había tenido que meter en medio al teniente Alenko, vertiendo insinuaciones como una vulgar chismosa? Por si la vergüenza no fuera suficiente, a Liara no le había pasado desapercibida la sequedad con la que Shepard parecía tratar al teniente siempre que ella estaba presente, y los remordimientos la carcomían. Tal vez hubiese decidido alejarse de él también para no dar pie a murmuraciones. Tal vez el teniente estuviera preguntándose qué había hecho para merecer ese cambio de actitud. Todo por su estúpido comentario. Todo por culpa suya. Qué desastre.

Haber sido la última en unirse a aquella aventura acarreaba un estigma difícil de superar. Para cuando fue rescatada en Therum, la Normandía llevaba al menos dos semanas de viaje en cómputo humano, con todo lo que eso implicaba. Ya habían hecho frente a piratas, terroristas, mercenarios y sintéticos. Habían luchado juntos, con tiempo para acostumbrarse unos a otros y conocer sus distintas dinámicas. Incluso si la convivencia al principio no había sido fácil, la rutina había terminado imponiéndose; y lo que Liara se había encontrado era un equipo cohesionado y potente, con suficientes vivencias compartidas como para empezar a desarrollar conciencia de grupo. Un grupo en el que ella no terminaba de encajar, ajena a los matices. Era como ver un vid sobre una especie desconocida en un idioma no registrado.

Pero, obviamente, haber alcanzado ese estado era fruto del trabajo de Shepard, que se había esforzado por crear esa conciencia de grupo a través de su trato con todos. Si no hubiese sido tan densa para comprender aquello, esos lazos que se habían ido estableciendo poco a poco antes de su llegada, tal vez no hubiese cometido la estupidez de pensar que Shepard se estaba comportando de forma especial con ella. Llevaba demasiado tiempo sola, ocupándose de estudiar especies muertas y objetos inanimados. Tanto, que había terminado bloqueándose cuando Shepard hizo el intento de acercarse, darle la bienvenida, ser amable y ayudarla a integrarse. Porque sí, eso era lo único que la comandante pretendía: ser amable. Igual que había hecho con el resto. Y ella la había empujado a una situación sumamente incómoda al confundir su amabilidad con…

Dejando escapar un suspiro, se enderezó, recostándose en el respaldo de la butaca, y se quedó mirando al techo. Aunque hasta para rechazarla había sido amable, Liara no era tan obtusa, después de todo. Se había dado perfecta cuenta de que a Shepard no le había hecho la menor gracia el malentendido. La distancia que había puesto entre ellas era más que notable. No habían vuelto a hablar a solas desde entonces. Durante los días que habían pasado en la Nebulosa Armstrong combatiendo geth, no había contado con ella para bajar a tierra ni una sola vez. Ya había sido una sorpresa que la convocara para la caza de ese salariano, pero aquella misión era un asunto personal de Garrus, un favor de Shepard para con él, y ella no había sido más que un simple apoyo de combate. De hecho, Liara estaba segura de que incluso se habían olvidado de que iba con ellos. Y su participación en Presrop… ¿de verdad la habría elegido Shepard si hubiese tenido otra opción?

Era deprimente y desesperante pensar que su vida en la Normandía iba a encallar ahí, así, de esa forma tan ridícula. Pero ¿cómo arreglarlo?

Lanzándole un último vistazo a la terminal, resopló y la apagó. Sus habilidades sociales eran nefastas, pero si permanecía un minuto más encerrada allí sola le estallaría la cabeza. Necesitaba distraerse. De modo que se levantó y se encaminó a la enfermería, esperando hallar a la doctora Chakwas poco ocupada y con ganas de hablar, aunque sólo fuese un rato.

Sin embargo, no fue a Chakwas a quien se encontró nada más abrir la puerta. Y Liara se congeló en el umbral al ver al teniente Alenko arrellanado en una silla, con los pies sobre el asiento de otra y un vaso en la mano, bebiendo a solas.

—Ah, doctora —saludó el hombre, alzando la vista hacia ella—. Disculpe que haya invadido su refugio. En el comedor hay demasiado ruido ahora mismo. Ya sabe: migraña.

Liara farfulló una respuesta genérica y volvió a cerrar la boca, luchando por recomponerse. Alenko no era la persona a la que más ganas tuviera de ver en ese momento, y más teniendo en cuenta la línea de pensamiento a la que llevaba horas dándole vueltas. Apenas se sentía capaz de mirarlo a los ojos.

—¿Dónde… dónde está la doctora Chakwas? —inquirió por fin.

—Discutiendo algo con la comandante en su camarote. Creo que aún están hablando del padre Kyle. ¿Necesita algo de ella?

—No, no. No, yo sólo…

Se interrumpió, retorciéndose las manos. La lengua le ardía en deseos de barbotar alguna excusa y encerrarse de nuevo en el almacén, pero había algo que la mantenía allí clavada. Una ansiedad insoportable por hacer algo.

Quizá Alenko se diera cuenta, porque se quedó mirándola fijamente por un instante que se hizo eterno. Y después, muy despacio, bajó los pies de la silla y la empujó con suavidad para separarla de la mesa, en una invitación muda.

—Si yo le sirvo, ahora mismo estoy disponible.

Liara apretó los labios. Sentía el cuerpo agarrotado, su mente era un hervidero. Pero, tomando aire, se armó de valor y avanzó hasta sentarse frente a él. Nada cambiaría jamás si no se decidía a actuar. Aunque la situación con Shepard hubiese llegado a un bloqueo total, eso no significaba que tuviera que quedarse en un rincón llorando su mala suerte, ¿no? Tal vez pudiese arreglar las cosas de otra forma.

—¿C-cómo se encuentra? —musitó, por decir algo—. No es mi intención perturbarle con mi charla si no está…

—No se preocupe —atajó Alenko, con gesto casi divertido—. Usted es sólo una persona y desde luego está lejos de hablar a gritos, así que no va a empeorarme el dolor de cabeza. A no ser que pretenda iniciar un debate sobre el origen del universo o algo por el estilo. —Se llevó el vaso a los labios, dando un sorbo a su brebaje de color ambarino; y quizá su mirada se demoró demasiado en ese detalle, porque el teniente también lo captó y añadió, sonriendo de lado—: Tampoco tiene que preocuparse por esto, es sólo una infusión. No tengo por costumbre esconderme en la enfermería para emborracharme.

—¡No! —Liara se envaró de un brinco—. ¡N-no, no pretendía insinuar… yo…! ¡Uff! —Y se derrumbó de nuevo, cubriéndose el rostro con desespero.

Alenko dejó escapar un murmullo de risa, indulgente.

—No debería presionarse tanto, doctora. No es necesario que esté siempre en tensión. Sus deslices son más entrañables que ofensivos, si le soy sincero.

—Sospecho que no todo el mundo opina lo mismo —replicó Liara en voz baja, aunque en el acto se arrepintió de haberlo dicho.

Él le lanzó una mirada fugaz, pero tomó la botella y se rellenó el vaso con parsimonia, fingiendo no haberla oído.

—Misión extraña la de hoy, ¿verdad? —comentó—. Le deja a uno bastante mal sabor de boca.

—Sí —coincidió ella, bajando la vista—. Sí, es cierto…

—Es curioso. Con todo lo que tenemos encima, es fácil obsesionarse con querer demostrar que estamos a la altura de las circunstancias. —Hizo una pausa para beber y Liara alzó la cabeza—. Cada vez que bajamos a tierra, todos estamos deseando lucir nuestras habilidades. Que Shepard nos vea en acción. Y, cuando volvemos a la Normandía sin haber hecho nada, nos sentimos inútiles. No digo que hubiese preferido un desenlace más violento para este asunto del mayor Kyle, por supuesto. Pero nadie quiere ser recordado por ser el tipo que se marea en el Mako, ¿eh?

Liara se quedó mirándolo con los ojos muy abiertos y, tras un nuevo sorbo, Alenko le sostuvo la mirada con seriedad.

—Estese tranquila, doctora. Ya llegará su oportunidad también. Estoy seguro de que la comandante es consciente de su enorme potencial.

Ella enmudeció. ¿Un simple vistazo le había bastado para comprender su estado de ánimo y deducir la causa? ¿Sólo un vistazo, para lo que a ella le costaba tanto? Se removió en la silla, avergonzada de sentir envidia de él.

—Me… me impresiona usted, teniente. ¿De verdad soy tan transparente? ¿O es que tiene un don especial?

—Oh, no, ni mucho menos —rio Alenko entre dientes—. Sólo era una intuición. No siempre acierto con mis suposiciones, aunque ésa es en parte la maldición que tenemos los bióticos, ¿no le parece? Nos pensamos que tenemos un sexto sentido y creemos ver y sentir cosas que al final resultan no estar ahí. Y entonces vienen las situaciones incómodas y el quedar como un imbécil…

Su voz se fue apagando poco a poco conforme hablaba, con la vista perdida en la infusión, y terminó con un suspiro de cansancio antes de echar otro trago. Liara apretó los dientes para evitar que le temblara la mandíbula. ¿Era una indirecta? ¿Lo decía por ella? Oh, diosa, ¿se habría enterado toda la tripulación de su conversación con Shepard? ¿O lo decía por él? ¿También a él le había pasado lo mismo? ¿Y si de verdad había entorpecido las cosas entre ellos sin querer?

El estallido de estrés que aquella idea le produjo fue algo imposible de gestionar; y, como si una aguja invisible hubiese pinchado la burbuja de su resistencia, Liara se vino abajo.

—Teniente —exclamó, con más brusquedad de la que pretendía, sobresaltándolo—, yo… lo lamento muchísimo, no pensé… No puedo soportar la idea de haber podido provocar… ¡Diosa, esto es tan embarazoso! —Se pasó una vez más la mano por la cara, pero continuó con rapidez, antes de que su valor se esfumara—. Cometí un grave error con Shepard hace unos días. Pensé que sus intenciones… trascendían la mera cordialidad, de modo que yo le… le dije que… P-pero su respuesta no fue la que esperaba y tuve la sensación de que tal vez ella podía estar ya involucrada con… bueno, con usted, así que se lo pregunté y… Tengo la sensación de haber ocasionado un conflicto entre ustedes dos por culpa de mi estupidez. ¡Lo siento tantísimo!

Un silencio sepulcral los aplastó y sólo entonces comprendió Liara la explosión de incoherencia que acababa de protagonizar. Tenía la respiración agitada y el pulso acelerado. Alenko la observaba con la boca abierta y las cejas enarcadas, tan estupefacto que una potente oleada de bochorno amenazó con asfixiarla. Pero entonces, antes de que le diera tiempo a consumirse por completo, él soltó una carcajada tan potente que reverberó en las paredes de la enfermería.

La risa enseguida derivó en un débil quejido y Alenko se inclinó un poco hacia delante, frotándose el ceño para aliviar el dolor. Pero eso no borró la sonrisa de su cara ni impidió que siguiera sacudiéndose levemente, ante una petrificada Liara que no tenía la menor idea de cómo interpretar aquello.

—Disculpe, disculpe —farfulló, aún con voz chirriante—. No pretendía parecer grosero, pero es que… me ha pillado muy desprevenido. —Respirando hondo, le dedicó una mirada entre enternecida y jocosa—. No estoy muy seguro a cuento de qué ha venido eso, doctora, pero que no le quite el sueño. Mi "relación" con la comandante Shepard ya me encargué de cagarla yo solito hace tiempo.

—¿Ca… garla? —Liara arrugó la nariz.

—Es sólo una expresión humana; significa "estropear" o "echar a perder". Y ocurrió antes de que usted tuviera tiempo de decirle nada.

—Oh…

Después de toda la presión y los remordimientos, Liara se encontró sin saber qué decir ni qué pensar. Se le había quedado la mente en blanco. Ahora le parecía absurdo haber estado tan convencida de que la causante de los problemas había sido ella, en vez de considerar la obviedad de que ellos dos tuvieran una historia propia que no la implicaba en absoluto. Muy absurdo. Increíblemente absurdo.

—Así que… ¿usted también la cagó? —inquirió Alenko con cautela, divertido—. Bueno. Bienvenida al club de personas que se han insinuado a Shepard y han recibido un planchazo en respuesta.

Aún aturdida, Liara le sostuvo la mirada con incomprensión. No entendía nada. Pero al ver su expresión, el humor y la ligereza con la que parecía reírse de sí mismo, notó que sus músculos volvían a relajarse poco a poco. De repente, el dramatismo de todo aquel asunto comenzó a disolverse. Sus errores ya no se veían tan graves e insalvables. La angustia se rebajó. Y terminó encontrándose a sí misma esbozando una pequeña sonrisa también.

—Sí —murmuró—. Supongo que yo también la cagué.

—¿También vio conexiones donde no las había?

—Sí…

—¿Y creyó que había una atracción especial entre las dos?

—Oh, diosa, ¡sí!

—Deberíamos revisar nuestro repertorio de flirteo biótico…

Liara se atragantó y rompió a reír por lo bajo, contagiada por Alenko y sobrecogida por una intensa sensación de alivio. Durante unos segundos, ambos rieron juntos, relajándose por completo. Y, al alzar la vista otra vez, le dirigió una sonrisa de gratitud.

—Me reconforta saber que no soy la única que ha hecho el ridículo de forma tan escandalosa en esta nave.

—Todos somos un poco ridículos a nuestra manera. Al menos usted tenía la excusa de haber fusionado su mente con la de ella, ¿no?

—¡La unión! —soltó Liara, y se estampó una mano en la frente—. ¡Claro! ¿Cómo puedo ser tan ciega? Tal vez fue ésa la razón de que… oh, diosa…

Se mordió el labio, resoplando con fastidio. Qué estupidez no haberlo considerado antes. Qué irresponsabilidad. Shepard la había obnubilado, por su relación con la baliza, su forma de ser, sus capacidades. Y, entonces, tras lo ocurrido en Feros, habían unido sus mentes para intentar darle sentido al Cifrador. Aquél debía haber sido el golpe definitivo y ella, en su inexperiencia, se había comportado como una auténtica cría sacando conclusiones precipitadas. Se le había declarado estando aún afectada y confusa por la unión. No había sabido darle a las cosas la dimensión que tenían en realidad.

—Soy un desastre —masculló—. Con razón la comandante me mantiene siempre aquí.

—¿Cree que Shepard la está relegando a propósito por culpa de esa metedura de pata? —inquirió Alenko.

Liara no contestó inmediatamente. Dicho así, también sonaba absurdo.

—Sí —admitió, cohibida—. La verdad es que sí.

—Shepard nunca haría algo así, Liara.

La nota que percibió en su tono la instó a encararlo, contrayendo el entrecejo. Él la contemplaba desde el otro lado de la mesa, con gesto comprensivo pero tajante.

—Shepard nunca haría algo así —reiteró—. Siempre hace rotar los equipos para no sobrecargarnos, aunque ella misma lidera todas las misiones. Sabe cómo nos complementamos mejor entre nosotros y elige a los más indicados para cada ocasión. Yo también me quedo en la Normandía con más frecuencia de la que me gustaría, pero sé que Shepard no me dejaría atrás sólo por un estúpido malentendido sentimental. Ella sabe que pasar demasiado tiempo metido en el Mako me hace polvo y me lo ahorra siempre que puede. Eso es todo. Le gustase más o menos lo que sucedió, es una profesional de la cabeza a los pies. No permitiría que un asunto personal pudiera entorpecer nuestro trabajo de algún modo. Así que es más probable que sólo esté dándote espacio hasta que te recompongas.

Liara abrió la boca y la volvió a cerrar. Sí, era cierto. Había estado aplicando a Shepard un criterio que habría seguido ella misma, más infantil y visceral, que poco tenía que ver con la auténtica comandante. Bajo la luz de las palabras de Alenko, aquella otra lectura le parecía mucho más plausible. Una distancia adoptada tanto por ellos como por ella misma, para marcar los límites y no complicarles las cosas ni alimentar más malentendidos.

—Es difícil no caer a sus pies. —Alenko habló casi para sí, con la mirada perdida en algún punto de la pared opuesta—. Sobre todo cuando no estás acostumbrado a que alguien se preocupe por ti. Pero sacar de contexto su actitud fue un error, y lamento no haberlo comprendido hasta que fue demasiado tarde. Debería bastarnos con todo lo que ya hace por nosotros. —Se llevó el vaso a los labios, distraído—. ¿Conoce la historia de Akuze, doctora?

—Sí. La… investigué por mi cuenta cuando llegué a la Normandía. —Desvió la vista, removiéndose otra vez—. ¿Cree que tal vez perdió allí a alguien importante a quien no pretende reemplazar?

—No, no, no lo decía por eso. Es decir, tal vez o tal vez no. Sea lo que sea, no es asunto nuestro, ¿verdad? Pero no iba por ahí. Estaba pensando en lo que le dijo al mayor Kyle en Presrop.

Aunque no haya forma de devolver la vida al pelotón que perdiste en Torfan, hoy has salvado a toda esta gente —recitó Liara, casi de forma maquinal, y el teniente asintió con la cabeza.

—Ella tampoco puede devolverle la vida a nadie y creo que por eso se esfuerza tanto por cuidarnos. Quizá se lleve mejor con unos que con otros, claro, es natural. Pero ha invertido mucho en ofrecernos un hogar y hacernos la vida agradable. A todos. Todos nosotros somos su segunda oportunidad, doctora. No deberíamos estar aquí para sacar sus fantasmas del armario o para darle más quebraderos de cabeza creando mal ambiente, sino para ayudarla también a pasar página. Ésa es la razón por la que más lamento yo haberla puesto en una situación incómoda.

Liara tardó un momento en digerir aquello, pero no le dio tiempo a contestar. La puerta de la enfermería se abrió de improviso y ambos se tensaron al ver aparecer a Shepard y a Chakwas. Aún inmersas en su conversación, se dirigieron directamente a la terminal más cercana a la entrada, y la comandante sólo reparó en su presencia cuando la doctora comenzó a teclear y se sumió en su tarea.

—Vaya —comentó, enderezándose y alzando las cejas—. Qué inesperado veros aquí a los dos. ¿Qué es esto, la hora del té biótico?

Liara sintió un latigazo de nerviosismo, pero, cuando Shepard se acercó a ellos, vio su rostro relajado y una sonrisa en sus labios. Parecía gratamente sorprendida. Incluso contenta.

—Qué va, comandante. Sólo estábamos poniéndote verde.

—¿Ah, sí? —Shepard se cruzó de brazos—. Ya os estoy imaginando. Esa maldita bruja que no nos ha dejado matar ni un fanático, blablablá

Alenko se echó a reír y Shepard lo secundó. Estaban bromeando. Y Liara perdió también la tensión, recuperando su pequeña sonrisa. Su reacción no debió pasarle desapercibida a la comandante, que le lanzó un rápido vistazo de soslayo y suavizó su gesto aún más. Ella se apresuró a carraspear.

—¿Ha habido novedades con respecto al mayor Kyle?

—Sí. Hackett ha enviado ya una unidad a recogerlo. Cuando llegaron, todos los miembros de la comuna se habían dispersado; no habrá represalias contra ellos. Le he pedido a la doctora Chakwas que eche un vistazo al historial médico de Kyle, por si podemos interceder por él de alguna manera ante el Alto Mando. Cualquier ayuda será poca. —Girando el rostro hacia Alenko, preguntó—: ¿Qué tal la cabeza, teniente?

—Mejor. Listo para volver a la acción en cuanto me necesites.

—Todos vamos a tomarnos un descanso, en realidad. Le he dicho a Joker que ponga rumbo a la Ciudadela; necesitamos abastecernos y quiero discutir con Anderson y Udina un par de cosas. Después, iremos directamente a Noveria. —Y entonces se volvió hacia ella—. Liara, quiero que Garrus y tú me acompañéis una vez lleguemos allí. Así que, si necesitas algo concreto para prepararte, házmelo saber y buscaremos cómo mejorar tu equipo cuando estemos en la Ciudadela, ¿de acuerdo? Después de lo que vimos en Feros, prefiero que nos blindemos lo mejor posible.

—¡Oh! —Liara se irguió en el acto—. ¡Claro! Revisaré mi equipo cuanto antes. No te preocupes, comandante, estaré preparada.

Shepard asintió y dio la impresión de que iba a añadir algo más, pero Chakwas la llamó desde su terminal y, con un gesto de despedida, volvió a dejarlos solos. Alenko aprovechó para rellenarse una vez más el vaso y, antes de llevárselo a la boca, amagó un pequeño brindis en dirección a Liara, con una expresión cargada de complicidad. ¿Ves?, parecía decirle sin palabras. Y, apretando los labios, ella comprendió que tenía razón. En todo.

No, no era justo pedirle a Shepard más de lo que ya les daba o luchar entre ellos por alcanzar los primeros puestos de su lista. Era una ridiculez. Todo el mundo tenía sus preferencias y afinidades. Shepard tenía mucho más en común con Garrus o con la jefa Williams, eso era una obviedad. Pero no significaba que no apreciara o valorara en absoluto a los demás. Su relación con cada uno de ellos era diferente y lo mejor que podían hacer era asumir el puesto que les correspondía. Cumplir con su trabajo. Apoyarla. Protegerla. Luchar por el éxito de la misión.

Pasar tanto tiempo a solas en las excavaciones no sólo la había acostumbrado a mirar el mundo desde fuera, sino también a una falsa impresión de protagonismo absoluto, aunque parecieran cosas contradictorias. Al ser ella la única que interactuaba con el medio, terminaba haciéndose a la idea de que todo orbitaba a su alrededor. Que las cosas sólo se movían por su acción directa, que ella marcaba el ritmo, que todo lo que sucedía la implicaba a ella de una u otra forma. Hasta aquel momento, sentada en la enfermería frente a Kaidan Alenko, no se había parado nunca a pensar en el egocentrismo intrínseco en aquella actitud. Pero ahora comenzaba a comprender que ya no estaba viviendo en un mundo estéril. Ahora formaba parte de un grupo, era una gota más en el torrente de la vida y la acción. Dependía del libre albedrío de otros seres vivos que multiplicaba las variables a un nivel que no podía controlar ni prever. ¿Pero acaso no era ésa la magia de tener amigos?

Su pausado ritmo de vida asari había pisado el acelerador y no podía desperdiciar aquella oportunidad encerrada en el almacén de la enfermería, obsesionándose por nimiedades. El universo no se iba a quedar esperándola. Tenía que unirse a ellos, dejarse llevar. Aprender de sus compañeros, encontrar su sitio, forjar lazos, integrarse por sus propios medios. Eso era lo que Shepard quería, lo que había intentado hacerle entender.

¿A qué esperaba? Nunca encontraría un lugar mejor que la Normandía para crecer y convertirse en adulta.

Y se preguntó si lo que había visto en la sonrisa de Shepard sería satisfacción por comprobar que su mente comenzaba a abrirse y a perder la rigidez.
 
 
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Current Mood: curiouscurious
 
 
 
Ada: me → for palaventeniente_ross on August 28th, 2016 08:13 pm (UTC)
Mira, este fic me ha ayudado a reconciliarme mucho con esas declaraciones awkward de las que hace gala ME1 XD. Para no ser mucho de Kaidan y Liara, creo que te han quedado genial en este fic y has sabido empatizar con ellos :) Yo en general suelo ignorar esas partes como "canon" y lo achaco a un problema de gameplay como tal, por cómo está diseñado el juego. Pero me encanta esta versión también <3